La tierra es suficiente para todos pero no para la voracidad de los consumidores.
Mahatma Gandhi (pensador y político indio).

Hace tiempo, cuando se escuchaba hablar del calentamiento de la tierra, parecía que eran ideas de ecologistas radicales, a los que no había que hacer caso. Y hasta hace poco había una lucha entre científicos, unos a favor y otros en contra del cambio climático (desde luego algunos defendían las ideas de los que firmaban los cheques). Y de pronto todo el mundo está de acuerdo, y ahora toca gritar “cuidado, que viene el lobo”.

A mi parecer, los humanos somos increíblemente estúpidos. Siempre corremos a apagar el fuego cuando las llamas lo han destruido casi todo. Y así nos va.

Si tenéis un momento, mirad el vídeo y difundidlo.

El saber es la única propiedad que no puede perderse.
Bías de Priene (filósofo griego).

No sé si alguién se fija en ello, pero de vez en cuando suelo cambiar la imagen de cabecera del blog. En primavera suelo poner flores, y en verano el agua del mar… pero llegó el otoño y no tenía ninguna fotografía que me gustase. Y justo hoy abro el correo y un amigo me manda unas fotos preciosas del otoño en el Montseny. No he podido resistirme y ahora podéis contemplar las hojas de una haya en pleno proceso de cambio de color. El nombre del fotógrafo es Gerardo Andrés, todo un artista de la cámara; muchas gracias por regalarme tu visión del mundo.

Aquel que encuentra la paz en su hogar, ya sea rey o aldeano, es de todos los seres humanos el más feliz.
Johann Wolfgang von Goethe (poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán)

Hoy ha hecho un año. Un año desde que nos dieron las llaves de este nuevo hogar. Muchas cosas han cambiado en mi vida, pero creo que todos los cambios han sido para mejor. Y sí, soy feliz en mi nuevo hogar.

Ya os he contado qué tal nos fue en el barco. Ahora voy con la parte turística. Era un crucero por el Mediterráneo, con cinco paradas.

El primer día llegamos a Villefranche (Francia), un pequeño puerto entre Niza y Mónaco. Salimos y visitamos Mónaco, la zona de Monte-Carlo, y vimos el famoso casino (aunque no entramos en él). Como teníamos poco tiempo y queríamos ver más cosas, nos fuimos a un pueblo francés llamado St. Paul de Vence. Es un pueblo amurallado en lo alto de una colina, lleno de estudios de artistas, conocido por ser en su época refugio de grandes pintores, como Picasso y Chagall. Un pueblo con mucho encanto donde, además de poder comprar productos artesanos, podemos ver mucho arte moderno.

El segundo día llegamos a Livorno. Este puerto no lo visitamos, ya que decidimos quedarnos con nuestros niños y dejar que mis suegros pudiesen salir un poco; es la puerta para ir a Pisa y Florencia.

El tercer día llegamos a Civitavecchia. Y aquí salimos nosotros para poder ir a Roma, que está a unos 80 kilómetros. Mi marido y yo ya conocíamos Italia, ya que fuimos con nuestro instituto hace ya unos años. Pero es que Roma es Roma. Cogimos un tren y después el metro, y llegamos al Coliseo. Impresionante. Paseamos por la zona y fuimos moviendonos para llegar a la siguiente parada: el Campidoglio. Después visitamos la Fontana di Trevi, y volvimos a tirar (16 años después) la moneda al agua para pedir nuestro deseo. Camino de la plaza España nos encontramos una manifestación, y como tenían dicha plaza vallada, decidimos ir directamente a la catedral de San Pedro. Una vez allí, y como ya no nos iba a dar tiempo de ir al Museo Vaticano, decidimos subir a la cúpula (ascensor + 320 escalones) para contemplar la ciudad a nuestros pies. Y luego, claro está, hacer una visita a la Basílica. Acabamos agotados pero contentos, aunque hay que decir que la visita te deja la miel en los labios si no conoces la ciudad (que merece 2 o 3 días para visitarla).

El cuarto día atracamos en el puerto de Nápoles. Nos fuimos todos (incluidos los niños) al pie del Vesubio, para visitar las ruinas de Pompeya (los niños se quedaron fuera con los abuelos). Estábamos estusiasmados disfrutando de la antigua ciudad y no nos dimos cuenta de que habían pasado más de dos horas (y habíamos recorrido poco más de la mitad del circuito). Salimos para estar con la familia (aunque nos quedamos con ganas de más) y volvimos a Nápoles. Por la tarde recorrimos un poco la periferia del puerto, que también es donde más monumentos hay. Nos pareció una ciudad muy vieja y muy sucia, con los monumentos muy abandonados, y bastante pobre. Un desencanto, vaya.

Y llegó el quinto día, y con él la última visita. Llegamos a Túnez y decidimos bajar a ver. Nos daba miedo, tanto por el desconocimiento de lo que encontraríamos como por los comentarios en los foros de otros cruceristas. Pero no estuvo tan mal. Primero fuimos a un pueblo “con encanto” llamado Sidi bou Said, lleno de casitas blancas con puertas y ventanas azul turquesa, y con unas vistas estupendas al mar. Después visitamos Cartago, y aunque nuestro taxista nos recomendó no entrar en el museo porque estaba lleno de piedras, al final nos colamos (aunque fue sin querer, lo prometo). Y por último visitamos el zoco de La Medina, lleno de tiendecitas con productos típicos. En ningún momento pasamos miedo, ni agobio, ni nos manosearon. Hablan español (y francés, inglés, italiano… ) y todos quieren que entres en su tienda. Aquí el regateo es obligatorio, aunque a mí me saca de quicio…

Y con esto casi acaba el viaje, ya que el último día lo pasas navegando de vuelta a Barcelona. Este último día disfrutas del barco y de no hacer nada. Ya estábamos cansados (sobretodo los niños, que añoraban su casa) y deseando llegar al hogar. Una nueva experiencia que nos deja un buen sabor de boca.

Eres un viajero a bordo de un barco navegando en el río del tiempo.
Matthew Arnold (poeta y crítico inglés)

Sí, nos fuimos de crucero. ¡Y qué bien nos lo pasamos!

Tengo que decir que no las tenía todas conmigo antes de irme. A medida que se acercaba el día en qué nos íbamos, yo sólo podía ver más y más inconvenientes. Que si los niños son muy pequeños, que si nos vamos a marear en el barco, que si es mucho gasto, que si vamos con mis suegros, que si va hacer frío… En fin, que cada vez lo veía más negro y se me estaba quitando toda la ilusión por este viaje.

Y después de una jornada maratoniana intentando que no nos devorase el caos entre tanta ropa y tanta maleta, y una noche de poco sueño, llegó el gran día. Aquí íbamos los cuatro, con cinco maletas (una para cada uno y una extra de los niños). Parecía que nos habíamos llevado media casa a cuestas, y la verdad es que casi fue así; con los niños no te puedes arriesgar…

Nos llevó mi padre al puerto, donde nos esperaba un gran barco, y el resto de la familia. Éramos ocho personas: mis suegros, unos tíos de mi marido y nosotros cuatro. Hicimos los trámites iniciales en poco tiempo, no tardamos en embarcar. A todo esto eran las dos y media, así que nos fuimos todos a asaltar el buffet; ¡y es que hasta las seis no zarpaba el barco!

Luego fuimos a descubrir los camarotes. La verdad es que estaban muy bien, con su ventana y todo, y nos pusieron una cuna y todo para la niña. Intentamos acomodar los trastos y salimos a ver un poco el barco. Cuando se acercó la hora de zarpar, subimos a la terraza superior y desde allí, con curiosidad y alegría vimos como poco a poco el barco abandonaba el puerto. A todo esto sólo podía pensar en qué pasaría si mis niños o yo nos mareábamos; mi alegría fue mayúscula cuando vi que mis niños ni se habían enterado del movimiento del barco, y yo tampoco notaba ningún malestar.

No quiero aburrir con una crónica detallada sobre el crucero. Simplemente explicaros un poco la experiencia. Los camarotes, además de bien equipados, estaban siempre limpios, al igual que el resto del barco. Esto es porque limpiaban las habitaciones dos veces al día (por la mañana, cuando íbamos a desayunar, y por la noche, cuando salíamos a cena). Había comida en abundancia, distribuida en buffet desayuno, comida (buffet o restaurante, a elegir), buffet de merienda y cena (restaurante). En el restaurante los platos eran más elaborados, pero era parecido a un buffet, porque podías pedir todos los platos que quisieras de la carta, y repetir todas las veces que quisieras. Además, nos tocó un maitre muy amable, que se portó de maravilla con los niños, cosa que es de agradecer cuando quieres cenar.

A pesar de ser la última semana de octubre, el tiempo fue estupendo, y el mar no estaba nada movido. En el barco había una ludoteca, en la que mi niño se lo pasaba bomba. También había diversos cafés, un casino, una biblioteca… En las terrazas se encontraban las piscinas (ya frías en esta época, porque las llenaban con el agua del mar cada mañana y las vaciaban por la noche), con muchas tumbonas para tomar el sol, y también los jacuzzis climatizados. Por la noche había espectáculos varios, y también discoteca.

¿Quién puede pedir más?

camarote - octubre2009

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Hasta la salud necesita descanso.
Anónimo

Sí, sí, ya lo habéis leído bien. Queda lejos el verano, el calor, todo el mundo de vacaciones. ¡Ahora nos toca a nosotros!

Pues sí, a mi marido le corresponden ahora sus tres semanas de vacaciones. Y pienso disfrutarlas todo lo que pueda. De momento, hoy he salido a cenar con unos amigos, ¡por primera vez sin los niños! Sólo han sido un par de horas, pero ya me tocaba, ya. Porque si mi marido necesita unas vacaciones en el trabajo, yo necesito unas vacaciones de mi vida.

No, no me quejo. Tengo todo lo que quiero. Pero la rutina me puede… con los niños pequeños ya no hay fines de semana, ni días especiales, ni casi vacaciones. Y la verdad es que necesito desconectar un poco. No como este verano, que fuimos una semana de vacaciones a casa de mis suegros; y eso que se portan muy bien, pero para mí eso no son vacaciones. Las verdaderas vacaciones las paso aquí, en mi casa, con mi familia. Bueno, y también haremos un pequeño viaje la última semana.

Eso es lo que me toca preparar ahora. No teníamos pensado hacer nada, porque ahora que yo no trabajo y con los dos niños se notan más los gastos. Pero surgió una oportunidad y la vamos a aprovechar. ¡Nos vamos de crucero! Eso sí, mis suegros se vienen con nosotros, o somos nosotros los que vamos con ellos, no lo sé. Ellos se apuntaron a través de una oferta para jubilados, y tuvimos la suerte de que nos dejaran ir por el mismo precio. No sé cómo irá, con un bebé y un terremoto de dos años y medio, pero tengo mucha ilusión, porque son nuestras primeras vacaciones los cuatro juntos.

Así que yo necesito un descanso, pero me temo que necesitaré más cuando volvamos de viaje… De momento iré haciendo listas para intentar no olvidarme nada en casa.

26-09-2009

Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.
Lucio Anneo Séneca (filósofo romano)

Antes de escribir este post, me lo he estado pensando mucho. Pero al final me he liado la manta a la cabeza y me he dicho, ¿por qué no? No quiero crear ni polémica ni malestar, simplemente expresar opiniones y sentimientos, en este caso los míos.

Hoy es día festivo aquí en Cataluña. Celebramos la Diada, y aquí en mi pueblo, comienza la fiesta mayor. Es un día festivo en nuestra comunidad, como cada cual tiene el suyo en las diferentes zonas de España. Pero hasta en esto hay polémica, porque tenemos gente que dice que no tendríamos que celebrarlo.

Soy catalana (y también española) y creo que no hay nada malo en decirlo. Soy catalana y estoy orgullosa de serlo. De tener una tierra tan bonita, de tener una lengua propia y de ser diferentes. Porque sí, porque somos diferentes, al igual que los andaluces, que los aragoneses o los cántabros. Cada cual tiene sus cosas, tanto buenas como malas, y no por ello es mejor o peor.

Eso sí, como catalana estoy cansada de ver como siempre somos los malos, sobretodo si se habla de dinero. Y además, está el asunto de la lengua. Ese desprecio al catalán lo muestro con un ejemplo muy tonto: durante mucho tiempo hemos estado sintiendo el nombre del jugador Xavi del Barça mal pronunciado; no es ni “Chavi” ni “Savi”, sino Xavi. Pero ahora que Xavi Alonso juega en el Real Madrid, de golpe todos los periodistas han aprendido a decir Xavi correctamente. Hay que joderse

Y es que el tema de la lengua catalana da mucho para hablar, pero sobretodo la están utilizando los políticos; juegan con el desconocimiento general para sembrar la semilla de la discordia. Yo soy catalana, de padres emigrados del sur (de Córdoba y de Badajoz, concretamente). Estoy muy orgullosa de mis orígenes, y aún más de ser catalana. Y de tener dos lenguas. Aquí no se discrimina a nadie por la lengua. Aunque en Telemadrid pongan el grito en el cielo, aquí conviven las dos lenguas, y a eso, señores, se le llama riqueza cultural. Y sí, nos gusta que la gente que vive en Cataluña hable el catalán, como al resto del mundo le gusta que la gente que llega a su casa aprenda su lengua; ¡pero eso no quiere decir que al que no lo aprenda se le eche fuera! Hablar dos lenguas es riqueza, lo miren por dónde lo miren.

Y es que hoy estoy encendida, porque he sentido a un partido político decir que no se tendría que celebrar la diada (veáse el link, si tiene interés). Y no quiero, porque me encanta este día. Y ya lo he dicho, pero lo repito, porque me encanta ser catalana.

La mala fama de los catalanes está muy extendida. Pero me encanta hacer turismo por la península, conocer gente nueva, y que te acaben diciendo la famosa frasecita: “pues yo pensaba que los catalanes érais de otra manera”. Pues sí, hay de todo como en botica, y también tenemos el típico catalán tacaño y huraño… pero, ¿quién no conoce alguién así entre sus vecinos, sean de dónde sean?

Así que me despido, celebrando la diada, con amor a mi tierra. Soy diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente.

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21-08-2009 vaya tres

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