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Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.
Lucio Anneo Séneca (filósofo romano)
Antes de escribir este post, me lo he estado pensando mucho. Pero al final me he liado la manta a la cabeza y me he dicho, ¿por qué no? No quiero crear ni polémica ni malestar, simplemente expresar opiniones y sentimientos, en este caso los míos.
Hoy es día festivo aquí en Cataluña. Celebramos la Diada, y aquí en mi pueblo, comienza la fiesta mayor. Es un día festivo en nuestra comunidad, como cada cual tiene el suyo en las diferentes zonas de España. Pero hasta en esto hay polémica, porque tenemos gente que dice que no tendríamos que celebrarlo.
Soy catalana (y también española) y creo que no hay nada malo en decirlo. Soy catalana y estoy orgullosa de serlo. De tener una tierra tan bonita, de tener una lengua propia y de ser diferentes. Porque sí, porque somos diferentes, al igual que los andaluces, que los aragoneses o los cántabros. Cada cual tiene sus cosas, tanto buenas como malas, y no por ello es mejor o peor.
Eso sí, como catalana estoy cansada de ver como siempre somos los malos, sobretodo si se habla de dinero. Y además, está el asunto de la lengua. Ese desprecio al catalán lo muestro con un ejemplo muy tonto: durante mucho tiempo hemos estado sintiendo el nombre del jugador Xavi del Barça mal pronunciado; no es ni “Chavi” ni “Savi”, sino Xavi. Pero ahora que Xavi Alonso juega en el Real Madrid, de golpe todos los periodistas han aprendido a decir Xavi correctamente. Hay que joderse…
Y es que el tema de la lengua catalana da mucho para hablar, pero sobretodo la están utilizando los políticos; juegan con el desconocimiento general para sembrar la semilla de la discordia. Yo soy catalana, de padres emigrados del sur (de Córdoba y de Badajoz, concretamente). Estoy muy orgullosa de mis orígenes, y aún más de ser catalana. Y de tener dos lenguas. Aquí no se discrimina a nadie por la lengua. Aunque en Telemadrid pongan el grito en el cielo, aquí conviven las dos lenguas, y a eso, señores, se le llama riqueza cultural. Y sí, nos gusta que la gente que vive en Cataluña hable el catalán, como al resto del mundo le gusta que la gente que llega a su casa aprenda su lengua; ¡pero eso no quiere decir que al que no lo aprenda se le eche fuera! Hablar dos lenguas es riqueza, lo miren por dónde lo miren.
Y es que hoy estoy encendida, porque he sentido a un partido político decir que no se tendría que celebrar la diada (veáse el link, si tiene interés). Y no quiero, porque me encanta este día. Y ya lo he dicho, pero lo repito, porque me encanta ser catalana.
La mala fama de los catalanes está muy extendida. Pero me encanta hacer turismo por la península, conocer gente nueva, y que te acaben diciendo la famosa frasecita: “pues yo pensaba que los catalanes érais de otra manera”. Pues sí, hay de todo como en botica, y también tenemos el típico catalán tacaño y huraño… pero, ¿quién no conoce alguién así entre sus vecinos, sean de dónde sean?
Así que me despido, celebrando la diada, con amor a mi tierra. Soy diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente.
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Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.
Lao-Tsé (filósofo chino)
Así estamos los cuatro miembros de esta familia: resfriados. No nos libramos; en cuanto mi niño empieza a toser, yo empiezo a temblar… Es curioso, porque cuando nació mi hijo, hasta los seis meses no cogió su primer resfriado. Pero ahora la niña, que va a hacer cuatro meses, va por el segundo catarro. Y qué hay que decir de la mamá, que se apunta a coger todos los virus.
En fin, por suerte puedo estar quejándome de un poco de fiebre, flojera y mocos, haciendo conjunto con el resto de la familia, mientras en el mundo siguen pasando cosas horribles. Y no hace falta irnos muy lejos: los impresentables de ETA han vuelto a segar una vida. Y yo me quedo sin palabras.
Lo mejor de los viajes es lo de antes y lo de después.
Maurice Maeterlinck (dramaturgo y ensayista belga)
Sí, ya he vuelto… Las vacaciones siempre parecen cortas, aunque me ha dado tiempo de hacer muchas cosas (ya os contaré). De momento vuelvo con las pilas cargadas, que lo necesitaba.
Desde luego, para mí, lo mejor de las vacaciones no está ni antes ni después; lo mejor es disfrutar de ellas mientras duren.
Se puede ser muy feliz sin exigir a los demás que estén de acuerdo con uno.
Johann W. Goethe (poeta, novelista y dramaturgo alemán)
Hace un par de días leí el nuevo post en un blog al que soy asidua. Habla de un inmigrante y de su situación casi desesperada, y de la actitud de esta persona. Me hizo llorar un rato.
No lo puedo evitar; soy de las que piensan que podría existir un mundo mejor, y que si todos aportasemos nuestro granito de arena, nuestra vida y la vida de los demás mejoraría. El problema es el de siempre: que los humanos estamos más preocupados en miramos el ombligo y en conseguir todas las cosas materiales posibles; si al de al lado no le va bien, que se aguante…
Y me hizo recordar una anécdota que me pasó a mí con un recién llegado. Fué hace 8 o 9 años… no lo sé con exactitud. Recuerdo que era mi época de estudiante universitaria, y que llevaba días estudiando para los exámenes, casi sin salir de casa. Una tarde me aventuré a bajar porque necesitaba algo (quien sabe, a lo mejor una chocolatina y un poco de aire fresco) y volviendo a casa me encontré a un chico negro que buscaba una dirección en el barrio. En aquel entonces, era mucho más raro ver a alguién de otra raza por mi pueblo; y el chico me preguntó por el sitio que buscaba… en inglés. Yo conocía la calle, pero no el lugar exacto, e intenté explicarle con mi inglés oxidado dónde estaba aquel sitio. Como llevaba un pequeño mapa, lo situé y le dije cómo llegar.
El pobre chico no sabía cómo darme las gracias. Me quería invitar a un café, quedar un rato y hablar… y además me corregía el inglés, porque venía a ser profesor en una escuela de idiomas. Yo tuve la sensación de que ya había preguntado y lo habían mareado tanto que se sintió agradecido de que alguien lo tratase bien. Desgraciadamente, yo tenía que estudiar (mucho, muchísimo) así que me despedí de él sin que me pudiera invitar a ese café.
Él acababa de llegar, y a mi (demasiado jovencita) me dió miedo de darle mi teléfono. Siempre me he preguntado cómo le habrá ido, si encontró alojamiento, y si le fué bien como profesor. Nunca lo volví a ver.
En casa nunca he visto muestras de discriminar a una persona por ser diferente (en el aspecto, en la cultura, …) y me cuesta mucho entender cómo alguien puede tratar mal a otra persona sólo por el color de su piel. Siempre he sido rara… y siempre lo seré.
La vida es una especie de ajedrez.
Benjamin Franklin (político y científico estadounidense)
No sé por dónde empezar hoy.
Es día de elecciones, y a esta hora se da por ganador al PSOE, casi por mayoría absoluta. Parece ser que nos tocan otros cuatro años de gobierno socialista. Me abstengo de hacer ningún comentario de mis ideas políticas. Sólo decir que celebro la alta participación, que queda como homenaje al concejal asesinado el viernes.
Ayer los españoles también hicieron otra clase de elección. Porque ayer competían varios candidatos para ir a Eurovisión a representar a nuestro país. Y si las elecciones no eclipsarán otras noticias, todo el mundo estaría comentando lo mismo: hemos enviado a un “friki”. La verdad es que no es mala opción, dado el nivel cualitativo del resto de candidatos… Yo no puedo parar de reír, y reírse no es nada malo.
Y cambiando otra vez de tema, y para los pocos que siguen mi blog, yo ya hice mi elección: de momento me quedo en casa cuidando de mi niño, porque creo que ningún dinero me compensará perderme sus primeros años. Y ya tendré tiempo de incorporarme al mercado laboral más adelante.
Yo ya he movido ficha…
La cobardía es la madre de la crueldad.
Michel de Montaigne (filósofo francés)
¿Cómo es posible que pasen estas cosas? Sales de casa tan tranquilamente acompañado de tu familia y viene un cabronazo y te pega dos tiros. ¿En qué mundo vivimos? ¿De verdad estos desgraciados de la ETA creen que así van a conseguir un mundo mejor?
El trabajo endulza la vida, pero no a todos les gustan los dulces.
Víctor Hugo (poeta, novelista y dramaturgo francés)
Sí, sí… maldita sea mi suerte. Aunque estoy hablando de mi suerte en el terreno laboral, porque lo demás me va muy bien y no me voy a quejar.
Una vez acabada mi baja maternal, fui a engrosar las largas listas de la oficina del paro de mi pueblo. Para mi desgracia, no era la primera vez que formaba parte de las estadísticas de parados. Más bien han sido unas cuantas veces. Y nunca, pero nunca me han llamado para hacer una entrevista. Es más, normalmente he estado enviando currículums como una loca, porque prefería trabajar a estar en casita cobrando el subsidio.
Ahora no busco trabajo, simplemente creo que tengo uno más importante, aunque no cotice en la seguridad social ni esté remunerado económicamente: criar a mi hijo.
En octubre me llaman de la oficina del paro por si me interesa una plaza de administrativa en mi pueblo; como el horario es muy malo, tengo excusa por el niño y digo que no. En diciembre, tres cuartos de lo mismo. Y ahora en febrero (cuando ya no cobro el paro) me vuelven a llamar.
Les digo que sí, por curiosidad, y por tantear el mercado laboral. Ofrecen un horario más o menos adecuado y un buen sueldo para ser administrativa. Y además es en un polígono de aquí. Pensaba que ni siquiera me harían la entrevista (por currículum, por edad y por mi reciente maternidad), pero ayer fui a hacerla.
Rápidamente me han dicho que no, que no les intereso como administrativa… Porque están buscando un Responsable de Calidad y me ofrecen el puesto.
Todas y cada una de las veces que he estado en paro, he buscado trabajo hasta debajo de las piedras. Y me ha costado un montón (meses enteros) volver a encontrar trabajo, aunque fuese por debajo de mis conocimientos y experiencia. Y ahora que no lo busco, y que realmente no sé si me apetece, aparece este trabajo.
Siendo realista, no es ni mucho menos el trabajo de mis sueños. Pero es un buen trabajo: cerca de casa, con buen horario y probablemente bien remunerado. Y claro, ahora me toca decidir: ¿vuelvo a trabajar o no?
Ningún trabajo me va a llenar tanto como el ver crecer cada día a mi hijo, pero por otro lado están las expectativas de una licenciada que se ha quedado como ama de casa y, por supuesto, el dinero.
En fin, que a nadie le amarga un dulce, pero yo tengo que decidir cuál de los dos dulces me gusta más.
A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco.
Michel de Montaigne (filósofo francés)
Ahora que todo el mundo ha vuelto, yo me voy.
Me toca irme de vacaciones. No es un gran viaje, pero me apetece muchísimo. Me voy a Cantabria, una tierra que ya conozco, y a la que me gusta regresar de vez en cuando. Los paisajes son espectaculares, se come de muerte y se está fresquito. Y tengo la ventaja de que tengo alojamiento. Esta vez será diferente, ya que mi hijo me acompaña. Por supuesto, me hace especial ilusión viajar con mi peque, aunque a él no le quedará ningún recuerdo de sus primeras vacaciones.
Salgo mañana y todavía no he hecho las maletas. Me he pasado la noche murmurando en sueños, con 38º de fiebre. Cómo siempre, se me ocurre ponerme mala cuando me toca hacer algo divertido. Pero espero haber repuesto fuerzas con la siesta que he hecho, porque las necesitaré. Otra vez parece que vamos de mudanza, porque para el niño casi trasladamos su entorno. Y digo casi, porque lo único que nos dejamos es su habitación.
Yo huyo de la rutina que se apodera día a día de mi vida, de la gente malhumorada que ha vuelto al trabajo, del calor que parece que ahora ataca con más fuerza.
Yo sé de que huyo, y también sé lo que busco. Busco la tranquilidad, con sabor a montaña y a Cantábrico.

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