You are currently browsing the category archive for the 'Paranoias' category.
La tierra es suficiente para todos pero no para la voracidad de los consumidores.
Mahatma Gandhi (pensador y político indio).
Hace tiempo, cuando se escuchaba hablar del calentamiento de la tierra, parecía que eran ideas de ecologistas radicales, a los que no había que hacer caso. Y hasta hace poco había una lucha entre científicos, unos a favor y otros en contra del cambio climático (desde luego algunos defendían las ideas de los que firmaban los cheques). Y de pronto todo el mundo está de acuerdo, y ahora toca gritar “cuidado, que viene el lobo”.
A mi parecer, los humanos somos increíblemente estúpidos. Siempre corremos a apagar el fuego cuando las llamas lo han destruido casi todo. Y así nos va.
Si tenéis un momento, mirad el vídeo y difundidlo.
Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.
Lucio Anneo Séneca (filósofo romano)
Antes de escribir este post, me lo he estado pensando mucho. Pero al final me he liado la manta a la cabeza y me he dicho, ¿por qué no? No quiero crear ni polémica ni malestar, simplemente expresar opiniones y sentimientos, en este caso los míos.
Hoy es día festivo aquí en Cataluña. Celebramos la Diada, y aquí en mi pueblo, comienza la fiesta mayor. Es un día festivo en nuestra comunidad, como cada cual tiene el suyo en las diferentes zonas de España. Pero hasta en esto hay polémica, porque tenemos gente que dice que no tendríamos que celebrarlo.
Soy catalana (y también española) y creo que no hay nada malo en decirlo. Soy catalana y estoy orgullosa de serlo. De tener una tierra tan bonita, de tener una lengua propia y de ser diferentes. Porque sí, porque somos diferentes, al igual que los andaluces, que los aragoneses o los cántabros. Cada cual tiene sus cosas, tanto buenas como malas, y no por ello es mejor o peor.
Eso sí, como catalana estoy cansada de ver como siempre somos los malos, sobretodo si se habla de dinero. Y además, está el asunto de la lengua. Ese desprecio al catalán lo muestro con un ejemplo muy tonto: durante mucho tiempo hemos estado sintiendo el nombre del jugador Xavi del Barça mal pronunciado; no es ni “Chavi” ni “Savi”, sino Xavi. Pero ahora que Xavi Alonso juega en el Real Madrid, de golpe todos los periodistas han aprendido a decir Xavi correctamente. Hay que joderse…
Y es que el tema de la lengua catalana da mucho para hablar, pero sobretodo la están utilizando los políticos; juegan con el desconocimiento general para sembrar la semilla de la discordia. Yo soy catalana, de padres emigrados del sur (de Córdoba y de Badajoz, concretamente). Estoy muy orgullosa de mis orígenes, y aún más de ser catalana. Y de tener dos lenguas. Aquí no se discrimina a nadie por la lengua. Aunque en Telemadrid pongan el grito en el cielo, aquí conviven las dos lenguas, y a eso, señores, se le llama riqueza cultural. Y sí, nos gusta que la gente que vive en Cataluña hable el catalán, como al resto del mundo le gusta que la gente que llega a su casa aprenda su lengua; ¡pero eso no quiere decir que al que no lo aprenda se le eche fuera! Hablar dos lenguas es riqueza, lo miren por dónde lo miren.
Y es que hoy estoy encendida, porque he sentido a un partido político decir que no se tendría que celebrar la diada (veáse el link, si tiene interés). Y no quiero, porque me encanta este día. Y ya lo he dicho, pero lo repito, porque me encanta ser catalana.
La mala fama de los catalanes está muy extendida. Pero me encanta hacer turismo por la península, conocer gente nueva, y que te acaben diciendo la famosa frasecita: “pues yo pensaba que los catalanes érais de otra manera”. Pues sí, hay de todo como en botica, y también tenemos el típico catalán tacaño y huraño… pero, ¿quién no conoce alguién así entre sus vecinos, sean de dónde sean?
Así que me despido, celebrando la diada, con amor a mi tierra. Soy diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente.
.
Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard (escritor, artista y filósofo estadounidense)
Ya hace casi dos semanas que volví de las vacaciones… y todavía me dura la resaca. Lo bueno de las vacaciones es que desconectas de la rutina diaria. Lo malo, es que parece que necesites más días libres para acabar de recuperarte.
Mi marido no suele hacer vacaciones en agosto, porque nunca nos ha gustado la masificación de este mes veraniego. Siempre que hemos podido escoger (antes debíamos contar con mi trabajo también) han sido en julio o en septiembre. El año pasado cambió de departamento y ahora no puede elegir tanto como antes; y le adjudicaron las vacaciones en mayo, pero no nos importó mucho. Y este año se las han dado en octubre, pero por suerte se ha podido escapar unos días en agosto, porque ya lo necesitaba. Menos mal que yo no tengo problemas para poder compartirlas; alguna ventaja debe tener el ser ama de casa, digo yo.
Estos días nos hemos ido con mis suegros, que viven en una localidad costera de la província de Tarragona. Aunque parezca que lo digo para quedar bien por si a mi costilla se le ocurre leer el blog, mis suegros se portan muy bien cuando estamos allí. Hemos podido desconectar un poco del estar todo el día pendiente de los críos (sobretodo yo), hemos podido salir e incluso hemos ido varias veces al cine. El problema llega cuando vuelves a casa: de que te pongan el plato en la mesa y te organicen prácticamente la vida (que mis suegros vuelven a creer que somos los novios jovencitos de hace años) pasas a tener que organizar de nuevo tu casa, con los dos pequeñajos en medio. En fin, que me ha costado un poco ponerme al día.
Pero seguimos aquí, las vacaciones se van acabando para todos y poco a poco vuelven las cosas a su sitio. Mi marido ya lleva dos semanas trabajando y la semana que viene empieza la ludoteca para el niño… ahora toca soñar con las vacaciones de octubre.
Después de todo, mañana es otro día.
Margaret Mitchell (articulista y novelista estadounidense)
Pues sí; desgraciadamente yo soy de esas personas que lo van dejando todo para mañana. Bueno, todo, todo, no; sólo lo que no considero realmente importante. Como, por ejemplo, mi blog. Llevo como un par de semanas queriendo escribir un post, pero cuando por fin me siento en el sofá y empiezo a navegar por la red siempre pienso “ya lo escribiré mañana”.
Y así se van pasando los días. El mundo sigue avanzando, y mi vida también. Así van creciendo las telarañas en este hueco del ciberespacio. Tenía varias ideas para escribir, pero una tras otra se van perdiendo en la vorágine de mi caos diario.
Mientras sigue la crisis, aunque llegan las vacaciones y todo el mundo se va fuera. Los telediarios siguen metiendo miedo con la gripe nueva, aunque en realidad no es más que otra cepa del virus (o es que se olvidan que cada año mueren 8000 personas en España con la gripe común estacional). Y otra vez, una panda de salvajes descerebrados han vuelto a poner una bomba; podrían haber muerto muchas personas y, lo que es peor, muchos niños, en nombre de ¿la libertad?
La vida sigue su ritmo, y yo tengo miles de cosas pendientes por hacer, pero… mañana será otro día.
Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.
Lao-Tsé (filósofo chino)
Así estamos los cuatro miembros de esta familia: resfriados. No nos libramos; en cuanto mi niño empieza a toser, yo empiezo a temblar… Es curioso, porque cuando nació mi hijo, hasta los seis meses no cogió su primer resfriado. Pero ahora la niña, que va a hacer cuatro meses, va por el segundo catarro. Y qué hay que decir de la mamá, que se apunta a coger todos los virus.
En fin, por suerte puedo estar quejándome de un poco de fiebre, flojera y mocos, haciendo conjunto con el resto de la familia, mientras en el mundo siguen pasando cosas horribles. Y no hace falta irnos muy lejos: los impresentables de ETA han vuelto a segar una vida. Y yo me quedo sin palabras.
Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad.
Enrique Tierno Galván (político y jurista español)
Así siento que es mi vida últimamente, un caos. Y es que esto de ser madre por partida doble (o triple, si contamos a mi marido) es toda una lucha por la supervivencia…
Es todo una tarea gigantesca que se repite una y otra vez a lo largo de los días… sin ver nunca el final; me recuerda al mito de Sísifo. Pues eso, que los días se repiten unos iguales a otros, sin importar que sea fin de semana o que lleguen las vacaciones. Acabo los días agotada, aunque también satisfecha y feliz. Pero echo de menos tantas cosas…
Echo de menos quedar una tarde con alguna amiga para charlar, tomarnos un chocolate y dar una vuelta. Echo de menos ir al cine, aunque la película resulte un tostón. Echo de menos poder ir a darme un baño tranquilamente, sin que nadie me moleste. Echo de menos el tener un rato de intimidad con mi pareja. Echo de menos conectarme a internet sin tener a la pequeñaja chupando de mi teta. Echo de menos poder ir a comprar sin arrastrar el carro del bebé y sin decirle a mi niño que eso no se toca, y eso no se toca… Echo de menos leer un buen libro. Echo de menos que mi casa no parezca una ludoteca, con todos los juguetes por el suelo. Echo de menos irme un fin de semana fuera con mi pareja. Echo de menos…
No quiero que penséis que estoy triste o desesperada, porque si me pudiéseis ver os daríais cuenta de lo feliz que soy. Simplemente es que estoy metida en un bucle y necesito saber que soy algo más que madre y esposa, que sigo viva, y que un día el caos desaparecerá y renaceré, cual ave Fénix, de mis cenizas.
La cama es buena cosa: quien no puede dormir, reposa.
Anónimo
Sí, tengo sueño, pero no puedo dormir. No, no ha vuelto el insomnio que padecí durante el embarazo. Ni es la niña despertándose por la noche. Simplemente son los problemas cotidianos a los que se enfrentan las madres (en soledad, debería añadir).
Me he pasado toda la semana cuidando a mis niños resfriados, estando yo también resfriada. Una semana muy entretenida, como podréis imaginar, llena de mocos, toses y estornudos. Y cuando por fin parece que el resfriado pasaba a mejor vida, ha llegado esta noche. Aquí estoy, sola en mi cama (mi marido se ha mudado a la otra habitación, que mañana madruga mucho), queriendo dormir. Pero no puedo, pues mis niños me están ofreciendo un verdadero concierto de tos. ¡Pobrecitos! Pero no me dejan dormir… y yo sigo teniendo sueño.
La paciencia tiene más poder que la fuerza.
Plutarco (historiador y ensayista griego)
Sí, aquí estoy… ¡y todavía sigo viva!
Apenas tengo tiempo para escribir unas frases en el blog, por eso me dedico a poner fotografías de mis hijos; por eso y porque quiero que todo el mundo vea lo guapos que son (a una servidora se le sigue cayendo la baba con sus niños). Pero ya tocaba dejar constancia de que sigo aquí y, aunque estoy muy cansada, también estoy muy feliz.
Mi vida ahora es bastante aburrida, pues no paro de ejercer de mamá a tiempo completo; y si queda algo de tiempo libre, pues está el pisito para sacarle brillo. Me toca dar el pecho a la pequeñaja, hacer la comida del niño (y la de los mayores), cambiar pañales (a los dos, que el niño todavía sigue con ellos), poner muchas lavadoras con prendas diminutas, bañarlos, y un largo etc. Menos mal que mi marido se porta bien y me va ayudando con la casa. Y también tengo a mis padres al lado que se llevan casi todas las tardes al niño para dar un paseo y me lo regresan cenado y duchado la mayoría de veces.
Aún así, hay momentos en los que me siento desbordada. Sobretodo cuando a los dos les da por ponerse a llorar en el mismo momento… Y es que se me hace cuesta arriba eso de empezar de cero otra vez. Paciencia, me digo a mi misma, paciencia.
No todo es agobio. Hace un par de semanas celebramos el 2º cumpleaños del niño, con su fiesta y todo, y lo pasamos muy bien viendo cómo soplaba las velas del pastel y como se volvía loco con los regalos. Y mi niña, aunque es una llorona, ya empieza a sonreir, y yo me quedo embobada mirándola.
Desde luego, aunque tenga que estar todo el día pendiente de ellos, son lo mejor que me ha pasado en la vida.
Todo llega si uno simplemente espera.
Benjamin Disraeli (político y escritor británico)
Me quedan nueve días hasta salir de cuentas, y esto parece el cuento de nunca acabar… Con el niño no me pasó, no tenía esta impaciencia recorriendome la piel; quizás fue porque, después de un pesado embarazo, en el último mes me encontraba mejor que nunca y disfruté, por fin, de estar en estado.
Pero ahora no me pasa lo mismo. Quizás ha sido porque con todo el lío de la mudanza llegué a pensar que lo tendría estas navidades. O quizás, porque los dos ginecólogos que me han tratado me han dicho que siendo el segundo embarazo y en tan corto plazo de tiempo seguro que se me adelantaba. El caso es que a estas alturas yo pensaba estar ya con mi niña en brazos, y este tiempo de espera se está haciendo eterno. Y mi marido está peor que yo…
Pero bueno, sólo hay que tener un poco más de paciencia. Me echo a temblar cada vez que pienso en lo que se me viene encima con los dos pequeñajos…
Los ánimos van un poco mejor, pero la melancolía sigue envolviéndome cuando menos me lo espero. Ayer pasé un día un poco raro, porque además de tristona estaba muy cansada. Y para acabar de arreglarlo, abro el correo y leo un email de una amiga que está pasando una mala racha…
A veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos cuando las cosas van bien. Como ya expliqué en su día (ver post) este embarazo fue un accidente. Ojalá todos los accidentes fueses igual de buenos, pero en su día incluso pensé en abortar. El caso es que fue un único desliz, una de esas ocasiones en las que piensas “no va a pasar nada por una vez”, como si fueses todavía una adolescente inconsciente. Una sola vez que no usamos protección y el resultado fue un bebé al que estoy deseando coger entre mis brazos. Esta amiga me contaba que llevaba ya largo tiempo intentando tener un hijo (cosa que yo ya sabía) y que, aunque en teoría no existe ningún problema físico, el embarazo no llega; y quizás tendrá que intentar una inseminación. Y claro, con esa tristeza que me envuelve, pensé que la vida es muy injusta. Igual que podemos decidir no tener un hijo, ¿por qué no tendría que ser igual de fácil tenerlo cuando uno lo desea?
En fin, que entre una cosa (la tristeza) y otra (la impaciencia) me he pasado casi toda la noche despierta, y lo poco que he dormido ha sido para soñar con la niña y con el parto… Menos mal que mis padres se han quedado esta tarde con el niño y me podido echar una siesta, porque de verdad que no podía con mi alma.
A ver si hay suerte y mi próximo post tarda en aparecer… será señal de que lo que tanto espero ya llegó.
La melancolía es la felicidad de estar triste.
Víctor Hugo (poeta y novelista francés)
Pues sí, llevo un par de días con la sensibilidad a flor de piel. Supongo que son las hormonas y también que esté a punto de dar a luz. Cualquier comentario, o noticia, o pensamiento me pone melancólica, y a veces se me saltan las lágrimas sin poderlo evitar.
Menos mal que aquí al lado tengo a mi costilla, que intenta darme ánimos, y aguanta el chaparrón (todo hay que decirlo), y a mi niño, que aunque me da mucho trabajo cuando ya no tengo casi aliento, también me da muchas alegrías. Esta tarde, cuando ya estaba aburrido de todo, hemos estado pintando:


Han emitido pseudópodos: