La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.
Anatole France (novelista francés)

La vida en sí es una carrera de obstáculos. Desde que nacemos, no hacemos otra cosa que tropezar, caer y levantarnos, para volverlo a intentar. Las dificultades se atraviesan en el camino y no hay nada que hacer al respecto.

Pero no quiero hablar de esos obstáculos que surgen, sino de otros diferentes, que también hacen la vida más dura. Y me refiero a las barreras arquitectónicas.

Desde luego, no me viene de nuevo. Tengo un primo que lleva toda su vida en silla de ruedas, y siempre cuenta lo difícil que es moverse por una ciudad. Pero hasta que a uno no le pasa, no se da verdadera cuenta de lo que significa un bordillo demasiado alto, una acera con las baldosas medio rotas, un autobús con el escalón demasiado alto…

Y eso que yo no voy en silla de ruedas, ni utilizo un bastón para caminar, ni tengo que ir acompañada de un perro guía. Yo, simplemente, llevo un cochecito de bebé.

A veces me hace muy difícil ir con el carrito en según que calles, porque son estrechas, porque están mal asfaltadas, o porque no han rebajado los bordillos. ¡Es que parece una “gimcana”! Y eso que yo puedo hacer maniobras porque se trata de un bebé y, además, ahora todas las sillitas llevan sus correas para que el niño no se caiga. No me imagino tener algún tipo de minusvalía y tener que salir a comprar el pan.

En vez de perder tiempo, y dinero, en castigar a unas personas que queman fotos, las autoridades podrían ponerse manos a la obra y aplicar las leyes en vigor para hacernos a todos la vida un poco más agradable. ¿O quizás es una utopía?

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