El trabajo endulza la vida, pero no a todos les gustan los dulces.
Víctor Hugo (poeta, novelista y dramaturgo francés)

Sí, sí… maldita sea mi suerte. Aunque estoy hablando de mi suerte en el terreno laboral, porque lo demás me va muy bien y no me voy a quejar.

Una vez acabada mi baja maternal, fui a engrosar las largas listas de la oficina del paro de mi pueblo. Para mi desgracia, no era la primera vez que formaba parte de las estadísticas de parados. Más bien han sido unas cuantas veces. Y nunca, pero nunca me han llamado para hacer una entrevista. Es más, normalmente he estado enviando currículums como una loca, porque prefería trabajar a estar en casita cobrando el subsidio.

Ahora no busco trabajo, simplemente creo que tengo uno más importante, aunque no cotice en la seguridad social ni esté remunerado económicamente: criar a mi hijo.

En octubre me llaman de la oficina del paro por si me interesa una plaza de administrativa en mi pueblo; como el horario es muy malo, tengo excusa por el niño y digo que no. En diciembre, tres cuartos de lo mismo. Y ahora en febrero (cuando ya no cobro el paro) me vuelven a llamar.

Les digo que sí, por curiosidad, y por tantear el mercado laboral. Ofrecen un horario más o menos adecuado y un buen sueldo para ser administrativa. Y además es en un polígono de aquí. Pensaba que ni siquiera me harían la entrevista (por currículum, por edad y por mi reciente maternidad), pero ayer fui a hacerla.

Rápidamente me han dicho que no, que no les intereso como administrativa… Porque están buscando un Responsable de Calidad y me ofrecen el puesto.

Todas y cada una de las veces que he estado en paro, he buscado trabajo hasta debajo de las piedras. Y me ha costado un montón (meses enteros) volver a encontrar trabajo, aunque fuese por debajo de mis conocimientos y experiencia. Y ahora que no lo busco, y que realmente no sé si me apetece, aparece este trabajo.

Siendo realista, no es ni mucho menos el trabajo de mis sueños. Pero es un buen trabajo: cerca de casa, con buen horario y probablemente bien remunerado. Y claro, ahora me toca decidir: ¿vuelvo a trabajar o no?

Ningún trabajo me va a llenar tanto como el ver crecer cada día a mi hijo, pero por otro lado están las expectativas de una licenciada que se ha quedado como ama de casa y, por supuesto, el dinero.

En fin, que a nadie le amarga un dulce, pero yo tengo que decidir cuál de los dos dulces me gusta más.

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