La duda no es una condición placentera, pero la certeza es absurda.
Voltaire (escritor y filósofo francés)

El domingo tuvimos reunión de compañeros. Son los compañeros de trabajo de mi marido, con las respectivas (incluida yo). Ya nos conocemos todos, y solemos reunirnos dos o tres veces al año para irnos a algún alejado lugar y contarnos cómo van nuestras vidas, estirar las piernas y dar cuenta de los suculentos manjares del lugar.

Ya somos varias las madres y, cómo no, salió el tema del trabajo y los hijos. Es un tema que ya me tiene algo quemada, porque tengo la sensación de que parece que he cogido la posición más cómoda. Entiendo que tiene que ser muy duro tener que separarte todos los días de tu cachorrillo para ir a ganarte el sueldo, y luego llegar a casa y tener que doblar turno. Pero también es duro cargarte toda la responsabilidad de la casa y la educación del hijo a tus espaldas. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El tema da para mucho, y cada uno tiene sus motivos para hacer una u otra cosa. Por lo menos, yo he tenido la gran suerte de poder elegir, que ya es mucho más de lo que pueden hacer algunas madres.

El problema es que me siento fatal con el poco reconocimiento de esta labor. Me da igual la sociedad y ciertos comentarios maliciosos de ciertos conocidos. Y tampoco espero que me pongan una medalla. Pero sí que me importan los comentarios de los más allegados, del tipo “¿No tienes tiempo? Si te pasas todo el día en casa…” ¡¡No puedo, me corroe el alma!!! Y siempre acabas pensando en cómo sería tu vida si hubieses elegido el otro camino.

Mi marido lo dice a menudo: te arrepientes más de lo que no haces que de lo que haces. En fin, siempre me quedará la duda.

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