Los hijos nos impiden lamentarnos del pasado; son sus mejores frutos.
Anna Quindlen (periodista estadounidense)
 

No lo teníamos planeado. Pero aquí está, y me es muy difícil rechazar a ese hijo que va creciendo en mi interior. Sí, lo habéis leído bien: ¡estoy embarazada!

Eso es lo que inesperadamente ha cambiado mi vida. Un embarazo.

Aunque nuestros planes iniciales eran que el segundo hijo naciese cuando el primero hubiese cumplido los dos años, habíamos decidido esperarnos un poco más. Pero los accidentes ocurren, aunque seas mayor y tengas más experiencia. Y ahora estoy embarazada. Al principio no me lo podía creer; luego pensé en no tenerlo. Pero al final estoy muy ilusionada con este bebé que nacerá a finales de febrero. Lo que antes eran nervios y preocupación, ahora es alegría y emoción.

Todavía me parece mentira, pero el año que viene vamos a ser cuatro en casa. Queda por delante un largo embarazo, y después una lucha para que el recién llegado (él o ella, que todavía no se sabe) no desplace al que ahora es el rey de la casa. Pero estoy feliz, porque tengo todo lo que quiero, incluyendo un marido estupendo, un hijo maravilloso y la esperanza de un futuro mejor.

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