El tiempo es un gran maestro, que arregla muchas cosas.
Pierre Corneille (dramaturgo francés)
 

Así pasa el tiempo ahora: lento, muy lento.

El primer embarazo fue para olvidar: naúseas y vómitos (hasta el 7º mes), mareos, dolor de muelas, gripe, cólicos nefríticos (2 piedras de premio), y un largo etcétera de malestares que hacían que los días fuesen interminables. Me arrastraba de la cama, trabajaba media jornada y me pasaba la tarde entre el sofá y la cama. Todo aquello quedó atrás con la llegada del pequeñajo. Además de la gran alegría de tenerlo ya con nosotros, se sumó a que yo me encontraba estupendamente.

Ahora me había acostumbrado a que los días pasasen uno tras otro sin apenas darme cuenta. El estar con mi niño se había convertido en el mejor de los trabajos posibles, y para nada hecho de menos el aguantar al jefe de turno (algunos más cabrones que otros) para poder tener un sueldo a fin de mes.

Todo el mundo me ha dicho que cada embarazo es un mundo, y que seguramente con el segundo no me pasaría lo mismo que con el primero. Yo dudaba mucho de la “sabiduría popular” y no me he equivocado. Han vuelto las nauseas, los mareos, el no tener energías ni para levantarme por las mañanas. Pero claro, ahora tengo un bichito en casa que me hace acabar los días reventada. Así que, por mucho que me emocione ser madre de nuevo, no hago más que contar los días para que esto de la preñez se pase de una vez por todas… es verdad que el tiempo lo arreglará.

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