Ten paciencia con todas las cosas, pero sobretodo contigo mismo.
San Francisco de Sales (doctor de la Iglesia)
 

Pues eso es lo que me hace falta a mí: mucha paciencia. No sólo con el tema de la mudanza, sino conmigo misma.

Hace casi dos semanas que nos dieron las llaves de nuestro nuevo hogar. Y entonces empezó nuestro trabajo… Y menudo trabajo. Qué verdad es aquello de que hay gente para todo. Los anteriores dueños, además de dejar el piso lleno de agujeros, desconchones y sin nada útil que aprovechar, lo han dejado lleno de mierda. No entiendo cómo podían vivir allí. Todo lo que podría explicar aquí sería poco; la verdad es  que hay que verlo. Los amigos que nos echan una mano en esta época tan difícil se quedan alucinados.

Así que antes de pintar y poder empezar a trasladar nuestras cosas, hay que quitar toda la inmundicia de allí. Y claro, además una está ya de seis meses, con una barriga prominente y un malestar general que no me permiten hacer nada.

No sé si habréis hecho alguna mudanza. Las mudanzas por sí solas ya son complicadas, y muy estresantes (y desquiciantes). Sí además estás embarazada (y medio incapacitada) y tienes un niño pequeño se convierte en toda una odisea. Desde luego no estamos pasando por un buen momento. Pero aún así, me siento afortunada. Porque tenemos un montón de gente alrededor que nos quiere y nos echa una mano. Por supuesto empezando por nuestros padres, que son unos soles y hacen todo lo que pueden y más.

Llevo dos días descansando de la pasada semana, y cogiendo fuerzas para lo que se avecina este fin de semana. Pero el asunto va avanzando. Ya hemos quitado la suciedad más difícil y hemos comenzado a pintar. El piso va cogiendo otro aspecto y las cosas empiezan a verse de otra manera. Y mañana vienen a montar la habitación del niño; ¡qué ilusión!

Todo lo malo pasará. Sólo queda tener un poco más de paciencia…

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