Todo llega si uno simplemente espera.
Benjamin Disraeli (político y escritor británico)
 

Me quedan nueve días hasta salir de cuentas, y esto parece el cuento de nunca acabar… Con el niño no me pasó, no tenía esta impaciencia recorriendome la piel; quizás fue porque, después de un pesado embarazo, en el último mes me encontraba mejor que nunca y disfruté, por fin, de estar en estado.

Pero ahora no me pasa lo mismo. Quizás ha sido porque con todo el lío de la mudanza llegué a pensar que lo tendría estas navidades. O quizás, porque los dos ginecólogos que me han tratado me han dicho que siendo el segundo embarazo y en tan corto plazo de tiempo seguro que se me adelantaba. El caso es que a estas alturas yo pensaba estar ya con mi niña en brazos, y este tiempo de espera se está haciendo eterno. Y mi marido está peor que yo…

Pero bueno, sólo hay que tener un poco más de paciencia. Me echo a temblar cada vez que pienso en lo que se me viene encima con los dos pequeñajos…

Los ánimos van un poco mejor, pero la melancolía sigue envolviéndome cuando menos me lo espero. Ayer pasé un día un poco raro, porque además de tristona estaba muy cansada. Y para acabar de arreglarlo, abro el correo y leo un email de una amiga que está pasando una mala racha…

A veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos cuando las cosas van bien. Como ya expliqué en su día (ver post) este embarazo fue un accidente. Ojalá todos los accidentes fueses igual de buenos, pero en su día incluso pensé en abortar. El caso es que fue un único desliz, una de esas ocasiones en las que piensas “no va a pasar nada por una vez”, como si fueses todavía una adolescente inconsciente. Una sola vez que no usamos protección y el resultado fue un bebé al que estoy deseando coger entre mis brazos. Esta amiga me contaba que llevaba ya largo tiempo intentando tener un hijo (cosa que yo ya sabía) y que, aunque en teoría no existe ningún problema físico, el embarazo no llega; y quizás tendrá que intentar una inseminación. Y claro, con esa tristeza que me envuelve, pensé que la vida es muy injusta. Igual que podemos decidir no tener un hijo, ¿por qué no tendría que ser igual de fácil tenerlo cuando uno lo desea?

En fin, que entre una cosa (la tristeza) y otra (la impaciencia) me he pasado casi toda la noche despierta, y lo poco que he dormido ha sido para soñar con la niña y con el parto… Menos mal que mis padres se han quedado esta tarde con el niño y me podido echar una siesta, porque de verdad que no podía con mi alma.

A ver si hay suerte y mi próximo post tarda en aparecer… será señal de que lo que tanto espero ya llegó.

Anuncios