Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard (escritor, artista y filósofo estadounidense)

Ya hace casi dos semanas que volví de las vacaciones… y todavía me dura la resaca. Lo bueno de las vacaciones es que desconectas de la rutina diaria. Lo malo, es que parece que necesites más días libres para acabar de recuperarte.

Mi marido no suele hacer vacaciones en agosto, porque nunca nos ha gustado la masificación de este mes veraniego. Siempre que hemos podido escoger (antes debíamos contar con mi trabajo también) han sido en julio o en septiembre. El año pasado cambió de departamento y ahora no puede elegir tanto como antes; y le adjudicaron las vacaciones en mayo, pero no nos importó mucho. Y este año se las han dado en octubre, pero por suerte se ha podido escapar unos días en agosto, porque ya lo necesitaba. Menos mal que yo no tengo problemas para poder compartirlas; alguna ventaja debe tener el ser ama de casa, digo yo.

Estos días nos hemos ido con mis suegros, que viven en una localidad costera de la província de Tarragona. Aunque parezca que lo digo para quedar bien por si a mi costilla se le ocurre leer el blog, mis suegros se portan muy bien cuando estamos allí. Hemos podido desconectar un poco del estar todo el día pendiente de los críos (sobretodo yo), hemos podido salir e incluso hemos ido varias veces al cine. El problema llega cuando vuelves a casa: de que te pongan el plato en la mesa y te organicen prácticamente la vida (que mis suegros vuelven a creer que somos los novios jovencitos de hace años) pasas a tener que organizar de nuevo tu casa, con los dos pequeñajos en medio. En fin, que me ha costado un poco ponerme al día.

Pero seguimos aquí, las vacaciones se van acabando para todos y poco a poco vuelven las cosas a su sitio. Mi marido ya lleva dos semanas trabajando y la semana que viene empieza la ludoteca para el niño… ahora toca soñar con las vacaciones de octubre.


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