Si te hieren las piedras del camino, sonríe, porque caminas.
E. J. Malinowski (poeta callejero)

Pues ayer nos fuimos de excursión. Y eso que el día salió al revés de cómo estaba planeado.

A la excursión íbamos nosotros, con los niños (y el carro) y una pareja de amigos. Salió al revés, porque teníamos pensado ir por la mañana y almorzarnos en la montaña una tortilla de patatas cortesía de mi amiga, y luego comer ya en casa. Pero por la mañana estaba lloviendo, así que cancelamos la excursión, pero no la comida. Después del banquete, los niños se fueron a dormir un ratito y los mayores nos apoderamos de los sofás. Y parecía que la tarde iba a ser tranquila, amenizada con la consola, cuando a mi marido se le ocurre decir: “ya que ha salido el sol, podríamos subir a la montaña”. Primero acogimos la idea con escepticismo, pero al final acabamos diciendo que sí.

Así que nos fuimos de excursión, y nos lo pasamos bien, y de paso quemamos unas pocas calorías. Y es que era la tercera vez que cancelábamos la salida, todas por mal tiempo, así que ya nos tocaba… aunque con los niños todo sea más difícil.

Tengo que decir que soy una persona poco deportista. Desde pequeña nunca me han gustado mucho los deportes; eso, unido al hecho de que soy bastante torpe, ha dado como resultado una persona sedentaria. Tampoco me ayuda mi actual sobrepeso, así que me cuesta bastante hacer según que cosas. ¡Y eso que me encanta la naturaleza! Hace unas semanas mi marido se empeño en que yo tenía que subir una montañita que hay aquí, al lado del pueblo. Que si el camino es muy fácil, que si vamos con los niños, que si a ver si te animas… y la verdad es que me costó un poquito, pero me gustó mucho. Espero que se repita pronto.

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