Un ave no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.
Proverbio chino

Llevo toda la semana subsistiendo… Los virus (o las bacterias, vete tú a saber) han poseido mi sistema respiratorio. La consecuencia: afonia, voz de camionero, tos perruna, además de dolor articular y muscular. Claro, yo solita no podía ponerme mala, así que después de haberse recuperado mi niño de unas anginas de caballo, mi niña se solidarizó conmigo y también se llevó parte de los microbios.

Todavía recuerdo aquellos días en qué, si me sentía mal, me podía tumbar en el sofá o en la cama a descansar tranquilamente. Pero con dos niños esto es imposible (y menos mal que no trabajo fuera de casa). Así que he ido haciendo poco a poco. Una de las cosas que no dejo nunca de hacer, por muy mal que me encuentre, es poner la lavadora. Porque en casa la ropa se acumula a un ritmo espectacular.

Hace un par de días subí a la terraza a tender la colada (normalmente uso un tendedero plegable en el balcón, pero para las sábanas y otras piezas grandes tengo un tendedero en una de las terrazas). Y me encontré con un montón de cacas de aves en el tendedero, en la pared y en el suelo. Cogí la manguera y lo quité todo, y eché un chorrillo hacia arriba a ver si sonaba algún nido. Pero no parecía haber ningún rastro de pájaros.

Pensé que habría sido algo ocasional cuando, ayer por la noche, cuando ya estaba medio dormida (eran las dos de la madrugada) me llama mi marido. “¿Quieres ver a los pájaros que se cagan en nuestra terraza?”

Por un momento pensé “y para esto me despierta…”, pero me pudo la curiosidad. Subo y salgo a la terraza. Miro hacia el terrado (azotea) y no veo nada; bajo la vista y… allí estaban. Encima del tendedero había ¡dos palomas blancas!


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