Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros.
Pedro Ruíz (humorista, escritor y presentador español)

Aprovechando los turnos de mi marido, nos hemos ido entre semana un par de días a Salou, a casa de mis suegros (durante nuestro particular fin de semana). Todo tiene sus ventajas: menos tráfico, menos gente… Luego toca trabajar sábado y domingo, claro está.

Ya que teníamos tiempo libre, canguros para la niña, y una película de estreno, decidimos que ya era hora de llevar a nuestro hijo al cine. Bueno, en realidad lo decidí yo, porque mi marido aún pensaba que el niño era demasiado pequeño. Así que el miércoles, después de intentar explicarle a mi pequeñajo lo que es un cine, y que nos diera su aprobación para la aventura (importante), nos fuimos a ver la película.

Fuimos a ver TOY STORY 3. Considerando que era la primera vez para mi niño, escogimos el formato analógico y no el 3D. Compramos las entradas y fuimos a ocupar nuestras butacas en la gran sala. Mi niño estaba animado, porque todo era nuevo para él y también porque veía que había otros niños. No sé quién estaba más ilusionado, si él o yo… Se apagaron las luces y se encendió la gran pantalla. “Mamá, qué tele más grande”, me dice. Primero anuncios y luego trailers, pero mi niño ya había quedado enganchado por las imágenes. Un ligero problemilla con el encuadre, que corrigieron rápidamente y, ¡a disfrutar de la película!

Se lo pasó muy bien… y aguantó toda la película en su asiento. Algún comentario ocasional, algunas risas y también algún momento de susto acurrucado en el asiento cuando los muñecos lo pasaban mal. Fue increíble, nos lo pasamos genial. Salimos contentos del cine y ahora ya sabemos que podremos repetir.

Creo que ya tengo una buena excusa para ir a ver las películas de dibujos al cine.


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