Las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen.
Arthur Schnitzler (narrador y dramaturgo austríaco)

Esta semana la cierro con un sabor agridulce. El viernes fue el último día de ludoteca ya que, aunque tienen casal de verano durante todo julio, la última semana son colonias y mi hijo no las hace. Así que tocó despedirse de las monitoras, con la mirada puesta ya en el inicio del curso escolar.

Nada fuera de lo normal, ya que se cierra una etapa y empieza otra. El problema es que fue una despedida para siempre, ya que la ludoteca debe cerrar.

El año pasado, después de unos incidentes en alguna ludoteca, sacaron una nueva normativa, que entra en vigor el 18 de diciembre de este año. Esa normativa para las ludotecas es bastante restrictiva, y dejaba pocas opciones a los propietarios de La Ta·Ca (la ludoteca donde asistía mi hijo). Deben tener aulas separadas y un patio interior, aparte de otras normas, cosas que no pueden cumplir con el local actual.

Cuando llegué a Castellar, embarazada de casi ocho meses, ya llevábamos la idea de apuntar al niño a una ludoteca o guardería; para que se relacionase con otros niños, y también para ver si evolucionaba su lenguaje (que casi no hablaba y ya tenía 21 meses). La opción más fácil fue La Ta·Ca: estaba cerca de casa, no tenían un horario estricto y el precio era asequible. Poco a poco vas viendo los problemas y las ventajas del sitio. Para mí sólo tenía una pega: la mala ventilación, pues no tenían ventanas, sólo contaban con la puerta de entrada que no podían tener abierta por los niños. Las ventajas eran varias: aparte de la cercanía y del precio, encontré que se trataba muy bien a los niños y que los que trabajaban allí tenían auténtica vocación; no era un simple aparca-niños, sino que procuraban hacer todo tipo de actividades, incluyendo salidas frecuentes al parque. Y lo mejor de todo: tanto los que dirigían el negocio, como el resto de monitores, eran BUENAS PERSONAS, algo bastante difícil de encontrar en estos días. Por eso esta despedida tiene un sabor agridulce: a mi hijo ya le toca ir al cole, pero mi hija no podrá disfrutar de esta ludoteca.

Es una pena que las normas y la burocracia se impongan sobre la verdadera vocación y dedicación. La Ta·Ca cierra sus puertas después de 10 años de actividad, dejándonos a todos con lágrimas en los ojos y grandes recuerdos en el corazón.

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