Es más barata la cena que se come en casa ajena.
Anónimo

Cuando me casé y dispuse de mi propio piso, prometí reunir cada año a mis compañeras de carrera, mientras pudiese. Así podemos seguir manteniendo el contacto y saber cómo nos trata la vida.

El primer año que no pude hacerlo fue durante mi primer embarazo, por lo mal que me encontraba, y lo eché de menos. Al año siguiente, ya con el bebé en casa, nos juntamos de nuevo. Pero un nuevo embarazo y la mudanza me hizo suspender la siguiente… Y el año pasado, ya con el nuevo bebé en casa y el pequeñajo, no me vi con fuerzas suficientes para organizar el evento.

El problema suele ser que, si no la hago yo, tampoco se ofrece nadie. Y yo prefiero ser la que se pringa para no dejar de vernos, porque estas compañeras hicieron que mis años de universidad fuesen de lo mejor. Por eso me alegré mucho cuando una de ellas nos juntó en su casa esta primavera (ver aquí). Pese a este encuentro, no he querido dejar pasar la ocasión de organizar la cena en mi nuevo hogar, y el pasado sábado 27 de noviembre fue la fecha elegida.

Al final fuimos 8 biólogas de las 14 del grupo. Un total de 17 adultos, más 6 niños (y 4 más que vienen en camino). Pese a haber pasado una semana bastante dura como ya he contado, no quise anularlo. Además, asistieron algunas personas a las que hacía años que no veía. La çena no fue todo lo exquisita que podría haber sido, pero en estas ocasiones creo que la comida es lo de menos. Lo importante es vernos las caras, saber que estamos bien y esperar con ilusión la próxima quedada.



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