Un comienzo no desaparece nunca, ni siquiera con un final.
Harry Mulisch (escritor holandés)

Se acabaron las fiestas navideñas. Han sido días de “mucho”: mucho follón, mucha comida, mucha bebida, mucha familia, muchos juguetes… mucha felicidad pero también mucho cansancio.

Me parece mentira que ya se haya pasado la navidad y estemos en el 2011. Estoy como si todavía no me acabase de situar, y no ayuda el encontrarme como si me hubiera pasado un camión por encima. Porque con los dos niños y las reuniones en casa, a los que hay que sumar un resfriado y una visita a urgencias por cólicos epigástricos (¡qué dolor!, pero no tengo nada, no os asustéis) me he quedado exhausta. ¡Necesito unas vacaciones!

Los niños han disfrutado mucho de estas vacaciones, y también mi marido, que ha podido cogerse unos días. Pero todo se acaba y el lunes comienza la vida normal. Los niños al cole, mi marido trabajando, y yo de vuelta a la rutina. Ahora toca poner la casa en orden, recoger los adornos, buscar sitio para los nuevos juguetes, retomar el régimen, … Pero antes tocará celebración, que en esta casa las fiestas no se acaban hasta el día 9, que es el cumpleaños de mi marido, ¡y hay que soplar las velas!

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