Somos engañados por la apariencia de la verdad.
Horacio (poeta latino)

Llevaba tiempo queriendo hacer una visitilla al Ikea más cercano (para mí el de Badalona) para comprar un par de cosas y de paso echar un vistazo a las novedades. Al final nunca voy porque el día a día me supera y lo voy dejando. Pero ayer se me ocurrió que sería una buena idea irme con los niños mientras mi marido dormía después del turno de noche. El plan no era malo: dejaba al niño en la ludoteca de allí, mientras compraba con la pequeñaja, y después de meter las cosas en el coche, recogía al peque y nos íbamos a comer al restaurante de allí.

Y pensé que ahora que, pese a la crisis, hay mucha gente de vacaciones, el Ikea estaría tranquilito. ¡Ilusa de mí! El trayecto fue bien, pues había poco tráfico, incluso en la entrada a Barcelona. Pero en cuanto llegué al parking del Ikea vi que las cosas no iban a ser tan sencillas.

Ahora ya sé dónde está la gente de vacaciones: ¡en el Ikea! Madre mía, cuánta gente que había allí dentro, sobretodo familias con niños pequeños. Por supuesto, la ludoteca donde pensaba dejar al niño estaba llena, y con lista de espera, así que me metí a comprar con los dos. Me asustaba la idea de perderlos de vista porque estaba lleno hasta la bandera, pero la verdad es que mis niños se portaron muy bien y no tuve problemas para que no se separaran de mi lado. Cuando acabamos de comprar, con regalo incluido (una idea sacada de aquí) fuimos a dejar las cosas en el maletero, y me fui al restaurante. Se me pasó por la cabeza irme a otro lado, pero me apetecía quedarme allí y todavía era pronto. Exactamente a las 13.40h me puse en la enorme cola que había en el restaurante; supongo que todos los padres/madres habíamos pensado lo mismo, porque casi todo eran familias. Nunca he visto aquello tan lleno.

Casi tres cuartos de hora después, logré pagar mi comida y hacerme un hueco en la zona de juegos. ¿Sabéis lo aburrido y pesado que es esperar 45 minutos? Pues ahora añadirle dos niños pequeños, e imaginad. Con paciencia y creatividad, al final no fue tan malo. Después ya fue coser y cantar. Los niños comieron y se pusieron a jugar mientras yo terminaba mi plato con tranquilidad. Y de vuelta a casa mi niño me dice que se lo ha pasado muy bien. ¿Sí? Me alegro, pero yo me lo pensaré la próxima vez porque he acabado agotada.

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