La única educación posible es esta: estar lo bastante seguro de una cosa para atreverse a decírsela a un niño.
G. K. Chesterton (escritor británico)

Pues sí, después de una gran fiesta mayor, los niños ayer volvieron al cole. Vuelve a sonar el despertador, las idas y venidas, la planificación de horarios… y me alegro.

Con el niño ha ido todo muy bien. Ayer entró en su nueva clase muy contento, con un poco de vergüenza que se pasó muy rápido. Ya va a P4, explica orgulloso. Nueva clase, pero con los antiguos compañeros y también los acompaña su profesora de P3.

Con la niña no es tan fácil. Después de una adaptación sin ningún problema (era la única que entraba corriendo en clase y se ponía a jugar como si tal cosa), ahora se queda llorando. Ayer se quedó llorando porque ella quería ir con su hermano al cole. La dejé en clase llorando y gritando, nunca la había visto así. Me fui con el corazón en un puño, pero cuando volvía a recogerla estaba tan contenta y decía que mañana más. Hoy, directamente desde casa, ha ido todo el camino diciendo que ella no quería ir al cole, que quería jugar en su habitación. Y también la he dejado llorando desconsoladamente. Sé que se le pasará, pero no me gusta verla así.

Es nuestra primera “vuelta al cole”, la primera de muchas. Y pensar que el año que viene los tendré a los dos en preescolar…

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