Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño.
Mark Twain (escritor y periodista estadounidense)

Uno de mis mayores vicios es la comida. Lo ha sido desde pequeña (siempre he comido bien, y mucho) y lo sigue siendo de mayor. Y no es que me guste la comida basura (que también), sino que a mí me gusta todo. Sea salado como dulce, sencillo o elaborado, sano o no. Y además, me encanta cocinar, con lo que voy haciendo ricas recetas en casa.

En casa siempre hemos sido de comer bien, y en casa de mi marido también. Así que nos hemos juntado dos que disfrutan mucho a la hora de comer. Y eso, al pasar de los años sin apenas restricciones, y con la propensión genética a coger kilos y el poco gusto por el deporte, ha tenido como resultado un sobrepeso más que preocupante.

Lo que me preocupa es mi salud, y poder seguir a mis hijos en sus aventuras y correrías en el futuro (de momento, pese a los ataques de los virus estacionales, estoy sana como un roble, aunque algo baja de forma) porque el aspecto físico siempre me ha parecido algo superficial y efímero. Nunca he entendido que la gente se guie más por el aspecto físico que por el intelectual… en una primera impresión aún, pero, ¿y después?

En fin, que me estoy desviando un poco del tema. El caso es que me sobran un montón de kilos y ha llegado el momento de quitármelos de encima. Como mi marido también quiere adelgazar, él ha sido el impulsor del tema dieta y el que me ha convencido. Que sí, que yo también quiero estar delgada, pero espero que inventen algún día una cámara en la que entras gorda y sales delgada, ja, ja, ja. Como ese momento no parece llegar, el lunes pasado comenzó mi lucha. Así que ya llevo oficialmente una semana a régimen. Y espero muchos ánimos, porque esto es muy duro, una lucha constante entre mi subsconciente acostumbrado a la buena vida y mi consciente poniéndole voluntad. Ya os iré contando.

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