Una vez al año es lícito hacer locuras.
San Agustín (padre de la iglesia latina)

Ha comenzado el último día del año. Pero esta vez no sé si tendré tiempo para repasar y valorar qué tal ha ido. ¡Estoy muy estresada!.

Ahora os cuento por qué. Ya he dicho varias veces que la familia de mi marido es bastante grande, y está muy unida. El fin de año lo celebran todos juntos desde hace tiempo, pero es que cada vez somos más. Además de los pequeñajos que se van sumando, también aparecen novietes y novietas de esos primos que ya no son niños. El año pasado se celebró en casa de una de las tías de mi marido, pero dijo – y con razón – que sería la última. La casa es grande, pero para cuarenta personas se queda estrecha. Eso, y que siempre hay alguien que no parece comprender dónde están los límites. Así que este año nos vamos a una casa de colonias. Nos vamos mañana por la mañana y no volveremos hasta el domingo por la noche.

Somos 46 personas (faltan muy poquitos a la fiesta) y mi marido se ha encargado de organizar el asunto. Y yo también, está claro. Entre preparar las cosas, hacer las compras (¡para 40!) y tener a punto la música llevamos dos días que no paramos. Menos mal que los abuelos de una y otra parte han echado una mano con los niños.

Sé que este año ha sido bueno. Con sus momentos bajos, pero bueno. Y espero que el nuevo año siga dándome muchas satisfacciones. Así que me despido de todos vosotros deseándo que dejéis atrás las penas y comencéis el 2012 con una gran sonrisa. ¡Un brindis a vuestra salud!

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