Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo.
Ludwig van Beethoven (compositor y músico alemán)

¿Lo oís? Esta la casa vacía… lleva días así, y soy más consciente que nunca del silencio que hay en ella.

Este año está siendo un poco extraño, porque los niños están disfrutando las vacaciones por su cuenta. Primero se los llevaron mis padres; mi tío tiene un apartamento en Calafell y se fueron a disfrutar de la playita unos días. Volvieron a casa, porque los echaba muchísimo de menos, pero por poco tiempo… Y se volvieron a ir, esta vez con mis suegros a Salou. Y aunque me llaman y me cuentan lo bien que se lo pasan en la piscina, en la playa e incluso en Port Aventura, yo sigo echándolos de menos.

Faltan sus risas, sus gritos, los juguetes desordenados… Cuando están aquí estoy deseando tener tiempo libre, pero ahora que no están estoy que me subo por las paredes. No tengo ganas de hacer limpieza (aunque hay zonas de la casa que lo esperan), de salir a comprar o a pasear, o incluso de bajar a la piscina. ¿Qué me pasa? El año pasado los dejé una semana para irme con mi marido a Francia, y no los eché tanto de menos. Pero ahora es diferente, no estamos de vacaciones y la casa se me echa encima.

No sé estar ya sin mis niños. Siempre he dicho que mis hijos son lo mejor que me ha pasado en la vida. Que requieren mucho tiempo y esfuerzo, pero lo compensan con una simple sonrisa. Y ahora ya no sé cómo sería mi vida sin ellos. ¿Aburrida? Seguro que no, que tendría mi trabajo, más vida social, más intimidad con mi marido… pero seguro que vacía. Pero esa vida ya no existe, y ahora cuento los días para que este silencio tan ensordecedor desaparezca.

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