Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.
Lao-tsé (filósofo chino)

Junio fue un mes movidito. Se acababa el cole, y el resto de actividades, así que fue una vorágine de cenas de despedida, festivales de fin de curso, intercambio de fotos… un no-parar constante, pero con la mayor ilusión. Mi pequeña ya ha terminado su primer año de cole, y mi hijo ha acabado su etapa de preescolar. ¡Da vértigo ver lo rápido que crecen!

Y además de todo este caos, mi marido y yo estábamos organizando nuestras vacaciones. Este año queríamos hacer algo especial, ya que en septiembre celebraremos nuestro décimo aniversario. Y llevábamos (mucho) tiempo ahorrando para hacer un viaje lejos. Y a nuestro gusto. A nuestro gusto significa según nuestro ritmo, sin guías ni caminos marcados; y lejos esta vez nos ha llevado a Estados Unidos, un gran país que teníamos muchas ganas de conocer. Por esa razón no acudimos a ninguna agencia, sino que lo hemos hecho todo nosotros: billetes de avión, seguros de viaje, trámites necesarios, información… Un montón de tiempo, pero bien invertido.

Cuando acabaron las clases, me tocó disfrutar todo lo que pude y más de mis hijos, porque el 1 de julio cogí un avión destino Washington y no los volví a ver hasta tres semanas después. El viaje ya ha acabado, y ya estamos de vuelta, intentando superar el jet-lag y no desaparecer entre el caos de maletas y ropa sucia que tengo en casa. Prometo volver pronto y contaros el viaje.

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