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La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el escribir, preciso.
Francis Bacon (filósofo inglés)
 

Mi vida ya no es lo que era. No tengo tiempo para mis hobbies, que eran muchos y variados: leer, escribir, hacer manualidades, punto de cruz… En este último cumpleaños ni siquiera se me ha ocurrido pedir nada, porque, simplemente, no tengo tiempo.

Con el tema de la mudanza se va haciendo limpieza en casa, no sólo de las cosas materiales, sino también en la memoria del ordenador. Y he tropezado con una pequeña historia que escribí hace ya nueve años. Y dada la corriente literata de los blogs a los que soy asidua, me voy a arriesgar a las críticas. Espero que os guste.

  

SUEÑO

Dormía.

Dormía y soñaba.

Soñaba con un cielo azul. Un cielo azul, sin nubes. Sólo el sol calentando los cuerpos.

Estaba en medio de un pequeño lago, nadando desnuda, sin nadie que la pudiese molestar. Había salido de casa temprano, con el deseo de pasear un rato. Había cogido su bicicleta y había pedaleado hasta las afueras de su pueblo. Dejó su medio de transporte al inicio del bosque, y comenzó a caminar. Caminó sin prisas entre el bosque, sintiendo la naturaleza a su alrededor. El movimiento de las hojas de los árboles, el vuelo de los pájaros, los juegos de las ardillas… Todo llamaba su atención. Y caminando llegó a su pequeño paraíso: un pequeño lago oculto en medio del bosque. Siempre que podía se escapaba para ir a ese rincón apartado del mundo civilizado. Como ahora.

Se encontraba flotando en el centro del lago, sintiendo los rayos del sol acariciar su dorada piel. Todo estaba tranquilo y sus pensamientos iban de aquí para allá, revoloteando como las mariposas en un campo de flores. Pensó en sus padres. En su infancia, tan feliz. Pensó en sus hermanos, siempre unidos y dispuestos para hacer las más disparatadas travesuras. Y pensó en Jan. El príncipe azul con el que había soñado toda la vida y que al final había encontrado.

Pensó que era feliz. La vida se había portado bien con ella, aunque todavía era muy joven. Tenía unos estudios, un buen trabajo, una verdadera familia y al hombre de sus sueños. Se sentía maravillosamente bien y quiso que se parase el tiempo.

 

De pronto sintió que algo iba a suceder. Tenía un mal presentimiento; sabía que algo iba mal. Nadó hacia la orilla y secó el agua que se deslizaba por su piel. El contacto con la toalla era agradable, pero no se dio cuenta. Miró furtivamente a su alrededor y se puso la ropa lo más rápidamente que pudo. Se sentía muy intranquila y empezó a correr a través del bosque.

Sentía las ramas azotando su piel, pero no quería parar. Corría y corría, cada vez más rápido, y sin mirar atrás.

El cielo se oscureció de golpe. Frenó su alocada carrera y miró hacia arriba. Vio unos aviones surcar el cielo. Ella no entendía de aviación, pero entendió rápidamente de qué tipo eran esos aviones. Eran aviones de guerra.

Siguió corriendo desesperada. “Algo malo va a pasar. Algo malo va a pasar”. Su mente no paraba de repetir esa frase, deseando que sólo fuera su imaginación.

El sonido de una explosión la detuvo de nuevo. Había sonado muy cerca y tuvo mucho miedo. Quiso llegar a su bicicleta, pero nuevas explosiones hicieron que se escondiese entre la maleza. Frente a una bomba esa era una defensa inútil, pero no sabía que hacer. Las lágrimas empezaron a surcar sus mejillas, mientras sus labios murmuraban una y otra vez “¿por qué?”. A lo lejos se podían oír algunos gritos, mientras continuaba el ataque. Le parecía que habían pasado siglos, aunque solamente hacía unos minutos desde que había pensado lo maravillosa que era la vida.

Y de pronto, sólo quedó el silencio.

Ese silencio le dio más miedo todavía. Estaba paralizada, sin saber que hacer. No quería ver lo que había pasado. Pero tenía que hacer algo. Se levantó y empezó pensar. Su bicicleta tenía que estar cerca de allí.

Tardó unos minutos en orientarse. Después comenzó a caminar. Al poco divisó su bicicleta. Salió del bosque con el corazón en un puño. Iba caminando al lado de la bicicleta, con la vista baja. No quería mirar al frente. Tenía miedo de lo que podía encontrar.

“Tengo que ser fuerte”, se dijo a sí misma. Subió a la bicicleta y comenzó a pedalear, despacio primero, después con furia.

 

Al avistar su pueblo frenó en seco. Cerró los ojos con la esperanza de que desapareciese lo que estaba viendo, pero cuando los abrió el desastre continuaba allí. Su pueblo. Ya no sabía si podía darle ese nombre. Las casas, las calles, el mercado, la iglesia… Todo destruido. No había nada más que escombros. Tiró la bicicleta a un lado y se acercó caminando. Las paredes derrumbadas, las vigas partidas, los cristales hechos añicos. Pero lo peor no era eso. Niños y mayores, hombres y mujeres, todos… muertos. Los cadáveres estaban esparcidos entre las ruinas, algunos irreconocibles, otros demasiado conocidos. Sus vecinos, sus compañeros, sus amigos… caras conocidas deformadas por la muerte.

Se dirigió hacia su casa. Estaba completamente derruida. Llamó a sus padres y a sus hermanos, pero no hubo respuesta. Ella ya sabía que no habría respuesta. Dio la vuelta por la calle y tropezó con algo. O con alguien. Miró quien era. No podía ser. No, no podía ser él. Él no podía estar allí. Él no tenía que estar allí. Jan. Seguro que había ido a verla con la esperanza de sorprenderla, cuando ella creía que no podía ir. Jan. Siempre con sus sorpresas. Jan. Y ahora estaba muerto. No. No. ¡Nooooooo! Él no. Por favor, él no.

Cayó de rodillas al lado del cuerpo de Jan y comenzó a llorar. A llorar de rabia y de dolor. Lo había perdido todo. En unos minutos. Todo. Y ni siquiera sabía por qué. Si es que había un por qué.

Lloró y lloró encima del cuerpo de su amado. Quería morir. Nada tenía sentido. Lloró hasta perder el sentido. Su cuerpo quedó extendido en la fría calle. No había nadie para ayudarla.

 

Se despertó de pronto en la oscuridad más absoluta. Estaba empapada en sudor. Había sido una pesadilla. Sólo una horrible pesadilla.

Extendió su mano para encender la luz. No lograba encontrar el interruptor. Sus dedos tropezaron con algo.

Era una mano. La mano fría y sin vida de Jan.

 

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Hay momentos en la vida cuyo recuerdo es suficiente para borrar años de sufrimiento.
Voltaire (escritor y filósofo francés)

Parece que fue ayer cuando me hice el test de embarazo. Lo estábamos buscando, y nos hizo gran ilusión: ya estoy embarazada. Y también parece que fue ayer cuando empezaron las contracciones, y corrimos al hospital.

De esto último hoy hace un año, pues hoy celebramos el primer cumpleaños de mi pequeñajo. Creo que ha sido el mejor año de mi vida, a pesar de todo. Porque tener un hijo, y poder disfrutar de él, es lo mejor que me ha pasado. Eso, y tener a mi marido (el amor de mi vida) a mi lado.

Desde luego, ni el embarazo ni el parto fueron fáciles. También ha habido momentos duros con el niño en casa. Pero todo queda borrado cuando miras a tu hijo y el corazón se te llena de felicidad.

¡ FELICIDADES, ERIC ! Ya tienes 1 añito.        big-cake.jpg

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